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Mujer en lencería negra y bata abierta en el umbral de un apartamento por la noche
Vecinas · Explícito

La invitación de la vecina nueva

Llamó a la puerta a las once de la noche con una excusa floja. Llevaba bata corta y un mensaje muy claro. Lo que pasó después no lo cuento dos veces. Aviso: explícito.

Aviso: contenido explícito. Si prefieres lecturas más sugerentes, mira otros relatos. Si quieres que la operadora te lea esto en voz, marca el 803 577 110.

Llamó a la puerta a las once de la noche. Yo llevaba dos horas viendo una serie en pijama y a esas alturas ya no esperaba a nadie. Cuando abrí la mirilla, la vi: la chica del piso de enfrente. Llevaba una bata corta de seda negra. Eso era lo único que llevaba puesto, aunque eso lo entendí más tarde.

Me dijo que se le había estropeado el wifi y que necesitaba pedir un Uber para mañana, que si por favor podía pasar un segundo. Cinco minutos. Le abrí. Cuando entró, la bata se quedó dos segundos abierta y entendí lo que llevaba debajo: nada que tape. Encaje negro de medio uso. Pulsera fina en un tobillo. Y eso era todo.

El sofá

La senté en el sofá y le di mi móvil. No iba a cargar el Uber, era evidente. Empezó a teclear despacio, mirándome a ratos por encima del móvil. La bata se le iba abriendo cada vez que cruzaba las piernas. Yo no sabía dónde mirar. Cuando levanté la vista, ella estaba mirándome.

“Tu mujer está fuera esta semana, ¿no?”, me preguntó. Era una afirmación con tono de pregunta. Y antes de que yo dijera nada me dijo: “Lo sé porque te oigo bajar la basura solo. Y antes la bajabas con ella”. Soltó el móvil en la mesa. Cogió mi mano y se la puso en la rodilla.

La bata se cae

La bata se le cayó del hombro y se quedó así. No la recogió. Yo tampoco. Le pregunté lo único que pude preguntar: “¿qué quieres?”. Me contestó con cuatro palabras: “quiero que tú decidas”.

Decidí. La cogí del cuello, no fuerte, lo justo, y la besé contra el respaldo del sofá. La bata se acabó de caer. El encaje también, pero de eso me encargué yo despacio. La tuve veinte minutos en el sofá sin dejar que se moviera. Cuando le dije que se diera la vuelta, lo hizo y se quedó callada esperando lo que viniera.

El dormitorio

La llevé al dormitorio porque en el sofá hay un cojín que mi mujer cose y no quería ensuciarlo. La metí debajo de las sábanas y le quité lo que le quedaba. Lo que pasó allí está entre nosotros, pero te puedo decir tres cosas: fue largo, fue ruidoso, y a las cuatro de la mañana ella seguía teniendo ganas.

A las seis se fue. Recogió la bata del salón. La dejé en la puerta sin decirle nada. Antes de cerrarla me dijo: “el martes vuelvo a tener problemas con el wifi. Avisada”.

El martes siguiente

Llamó. A las once. Esta vez ya sin bata. Esta vez yo la esperaba. Lo que pasó esa noche tampoco lo cuento, pero te diré que mi mujer volvió el viernes y de eso hace ahora cuatro meses.

La vecina sigue ahí. Yo sigo aquí. Mi mujer sigue sin enterarse y ojalá siga sin enterarse muchos años más. Lo que tengo claro es que en este edificio el wifi ya no se va a estropear más. Y el martes, otra vez.

Si tienes a una vecina así, conserva el número. Si no la tienes, llama al 803 577 110 y deja que una operadora se convierta en ella durante una hora. La voz que descuelgue al otro lado puede llevarte a esta misma noche, sin que nadie en tu edificio se entere.

Tu vecina ya está marcando. Tú también puedes.

803 577 110

24 horas, todos los días · Desde 1,21 euros/min · IVA incluido